Mindfulness: origen y sus beneficios

//Mindfulness: origen y sus beneficios

Todos los seres humanos nos enfrentamos a la incertidumbre, la incapacidad de controlar lo que sucede a nuestro alrededor, la enfermedad, la muerte y problemas diversos. Es por ello que el estrés forma parte de nuestras vidas. Sin embargo, hoy en día la sociedad es más compleja, debido al avance de la tecnología y al exceso de información. Vivimos a un ritmo acelerado, recibiendo notificaciones a lo largo del todo el día a través de los mensajes del móvil, los correos electrónicos, las redes sociales y demás. Vamos por la vida en exigencia tras exigencia, centrándonos en cumplir con nuestros deberes y tareas, llevando a cabo nuestra rutina. Y al descansar no descansamos realmente, con nuestra mente aún acelerada, recibiendo estimulación constante y desbordada de tanta información. Y, al mismo tiempo, la soledad es mayor, aislándonos del contacto directo de quienes nos rodean, sin conocer siquiera a nuestros propios vecinos. Vivimos en la insatisfacción, no se nos enseña cómo gestionar nuestras emociones, aumentando la sensación de inseguridad y desconexión con los demás.

Origen y definición del mindfulness

El doctor Jon Kabat-Zinn decidió crear en 1979 un programa de intervención para la reducción del estrés basado en el uso de la meditación, llamado Mindfulness-Based Stress Reduction (MBSR). Aunque en sus inicios se aplicó a personas con ansiedad y dolor crónico, al observarse una reducción significativa de sus síntomas se empezó a investigar en otras dolencias, encontrando resultados beneficiosos a la hora de mejorar la depresión, el estrés, el dolor, el abuso de sustancias y los síntomas de algunas enfermedades.

El mindfulness, traducido como “atención plena”, se trata de una forma de meditación centrada en prestar absoluta atención a nuestro cuerpo y nuestra mente en el momento presente. Se caracteriza por observar las sensaciones y pensamientos que nos lleguen sin tratar de juzgarlas ni cambiarlas, simplemente aceptarlas. No consiste en un ejercicio de relajación, ya que aunque pueda relajar no es ese su objetivo. A diferencia de otros tipos de meditación basados en mantener la concentración sobre un objeto, imagen o mantra, el mindfulness nos ayuda a ser más conscientes de nosotros mismos, favoreciendo la comprensión de nuestro estrés y sufrimiento y proporcionándonos mayor calma y paz. 

Hay dos formas de llevarlo a cabo, ya sea mediante la práctica formal y la informal. La primera se trata de dedicar un tiempo específico para practicar mindfulness, ya sea de pie, sentado o tumbado, concentrándonos en la respiración, los sentidos, los pensamientos o las emociones. Un ejemplo sería el escaneo corporal o chequeo atento, que consiste en dedicar un tiempo en sentir nuestro cuerpo y nuestra mente, centrándonos en las sensaciones que surgen en nuestro interior. Y la práctica informal consiste en prestar atención mientras realizamos alguna actividad cotidiana. Por ejemplo, comiendo despacio, sintiendo el olor, la textura y el sabor de la comida; o en otras actividades, ya sea andando, haciendo ejercicio, realizando las tareas del hogar, en el trabajo, etc. Su filosofía de estar plenamente conscientes de lo que sucede en el momento presente y de observar lo que nos llega a la mente y lo que sentimos con curiosidad y sin juzgar, como si de un experimento científico se tratase, se puede aplicar a cualquier situación. 

Beneficios del mindfulness

El mindfulness consiste, por lo tanto, en vivir en el aquí y el ahora. El pasado solo existe en nuestros recuerdos, y el futuro aún está por llegar. Lo único que podemos vivir es el presente. Pero si nuestra mente se encuentra recordando el pasado o planificando el futuro continuamente, entonces nuestra vida se pasa sin vivirla ni disfrutarla. Entrenar la mente en estar consciente nos ayuda a dejar de rumiar, de darle vueltas a las cosas. Y cuanta más atención prestemos a nuestro día a día, más mejorará nuestro descanso, nuestra capacidad de enfrentarnos a situaciones estresantes, nuestra autoestima, nuestro entusiasmo y nuestro disfrute por la vida. 

Sin embargo, el conectar con nosotros mismos nos conecta con nuestras emociones, nuestros miedos, nuestras culpas, con lo que nos avergüenza y nos atormenta. Es decir, con aquello que forma parte de nuestro ser y nuestras vivencias pero de lo que tratamos de huir en nuestro día a día. Es por ello que el mindfulness puede ser un camino difícil, pero precisamente el enfrentarnos a eso ayuda a que reconozcamos pensamientos y sentimientos que nos resultan difíciles, que podamos encontrar sus orígenes, y, al final, terminar experimentando una profunda sensación de paz y aceptación. Porque si no estamos tranquilos con nosotros mismos, ¿cómo vamos a estarlo con los demás?

En caso de querer practicar el mindfulness, existen numerosos recursos, entre los que se encuentran páginas en internet, libros, talleres de mindfulness, audios y vídeos de meditación, entre otros. La información de este artículo se obtuvo del libro Mindfulness para reducir el estrés. Una guía práctica, de Bob Stahl y Elisha Goldstein.

Integra. Resuelve. Avanza

 

 

 

Irene Hernández Ponce
Psicóloga Sanitaria

Nº Col AN1067

 

 

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